¡Bienvenidos a Ice Lands Raspados!
Mi Historia
"Hay personas que construyen negocios para vender productos. Yo decidí construir un lugar donde las personas puedan volver a sentir el sabor de sus recuerdos."
Mi nombre es Lucy de Oviedo, orgullosamente originaria de El Carmen, Oaxaca, México. Si alguien me hubiera dicho hace muchos años que algún día estaría escribiendo estas palabras como fundadora de ICELAND'S, probablemente no lo habría creído.
Mi vida no comenzó con facilidades. Desde muy pequeña aprendí que los sueños tienen un precio y que la vida puede cambiar de un momento a otro. Mi historia está llena de momentos difíciles, pero ninguno de ellos logró apagar el deseo de salir adelante. Sin embargo, también aprendí algo que ha guiado cada paso de mi camino: Con Dios al frente, ningún obstáculo tiene la última palabra.
Como muchas mujeres inmigrantes, dejé mi país buscando una oportunidad para construir un mejor futuro para mi familia. Llegué a los Estados Unidos con más sueños que recursos, pero con una fe que nunca me abandonó. He vendido tamales, raspados, he emprendido diferentes negocios, he estudiado, me he preparado y he aprendido que cada experiencia, incluso las más dolorosas, pueden convertirse en una bendición cuando decidimos no rendirnos.
A lo largo de mi vida también enfrenté la pérdida de un negocio durante la pandemia y muchos otros desafíos que pusieron a prueba mi fortaleza. Pero si hoy estoy aquí, es porque jamás caminé sola.
Agradecimientos y Pilar Familiar
Primero quiero darle toda la honra y la gloria a Dios. Él fue quien sostuvo mi corazón cuando sentía que ya no podía más, abrió puertas cuando parecía que todas estaban cerradas y transformó cada prueba en una oportunidad para crecer.
Y después de Dios, quiero honrar al hombre que ha sido mi compañero de vida durante tantos años: mi esposo, mi mejor amigo, mi mayor apoyo. ICELAND'S no existiría sin él. Mientras yo soñaba con este proyecto, él decidió convertir ese sueño en una realidad. Con sus propias manos derribó paredes, cambió pisos, remodeló cada espacio y trabajó durante meses para transformar un local vacío en el lugar que hoy recibe a cada uno de nuestros clientes. Cada pared que hoy ves, cada detalle, cada rincón, lleva el esfuerzo, el amor y el sacrificio de un hombre que nunca dejó de creer en mí. Por eso este negocio no representa únicamente mi historia: representa el amor de una familia que decidió luchar unida por un sueño.
También quiero agradecer a dos personas muy especiales que han estado a nuestro lado durante este hermoso proyecto: mis hijos, Israel Jr. y Jesús Antonio. Ellos han trabajado junto a nosotros, han aportado su tiempo, sus ideas, su esfuerzo y su entusiasmo para que este sueño pudiera convertirse en una realidad. Ver a nuestra familia unida construyendo este proyecto ha sido una de las mayores bendiciones que Dios nos ha regalado. Este no es solo mi sueño; es el sueño de nuestra familia.






